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jueves, 18 de junio de 2015

Quién fue Juan Ántonio Sotillo


Municipio Juan Antonio Sotillo

El epónimo que lleva el municipio cuya capital es Puerto La Cruz, está referido al valiente, arrojado y prestigioso  prócer de la independencia y caudillo federalista Juan Antonio Sotillo, nacido en Santa Ana en el mes de abril del año 1790, mismo lugar en que murió en junio de 1874. Muchos pobladores de este municipio desconocen la figura y su importancia, en términos de la historia regional y nacional, del hombre que fue Juan Antonio Sotillo y su rol en la guerra de independencia, librada por los venezolanos contra el yugo español y después en la guerra federal, signada por la lucha contra el feudalismo. Valorar si fue acertado o equivocado haber denominado así  lo que en primer lugar fue Distrito, por aquellos diputados, a quienes correspondió legitimar la decisión modificando la ley político-territorial del estado, no es el objeto que nos hemos trazado con la escritura de estas líneas. Sin embargo queremos expresar nuestra preocupación por el poco empeño puesto en la divulgación de la personalidad y el conocimiento de este hombre que da su nombre al municipio. Preocupación pertinente, reforzada además por la escasa enseñanza de nuestra historia local, tanto desde la educación formal como desde la edición de textos de diferentes formatos que permitan ese conocimiento.
Algunos confunden la personalidad del guerrero Juan  Antonio Sotillo con la del insigne educador Antonio José Sotillo, amigo cercano del general Isaías Medina Angarita; catedrático de Castellano y Literatura en varios liceos de Caracas; ejemplo de rectitud y laboriosidad, que fue confinado al pueblo de San José de Unare  por la dictadura de Gómez, como castigo por ser opositor ; padre del poeta Pedro Sotillo; contemporáneo de ilustres como Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra y Augusto Mijares ; y que da su nombre al grupo escolar situado en la avenida municipal de Puerto La Cruz.
Incluso he comprobado que también se confunden con el médico Antonio José Sotillo, creador de la primera escuela de medicina del oriente fundada en Cumaná en 1850. Necesario es señalar que si bien Juan Antonio Sotillo no nació en Puerto La Cruz, y que no se conoce algún acontecimiento que lo relacione directamente con nuestro terruño, este prócer posee méritos suficientes para que quienes tenemos fijada nuestra vivienda aquí, se sientan honrados de llevar su nombre.
Y para que conozcamos un poco más de la personalidad de este insigne general del ejercito libertador me permito presentar una corta semblanza del hombre que fue. 
     
Fue uno de los nueve hijos de los legítimos esposos Pedro Sotillo y Bárbara Pérez. Entre los pobladores de Santa Ana les decían “padre de los Macabeos”, queriendo decir con esto que todos sus hijos fueron luchadores y mártires de la causa patriótica. Fue casado con Encarnación Páez, de cuya unión nacieron Miguel, José, Juan Antonio, Calixta, María, María del Rosario, Juana y Eladia. Sólo sus dos primeros hijos tuvieron la oportunidad de tener estudios adecuados, siendo el primero de ellos abogado y médico el segundo; seguramente las circunstancias vividas por esta familia impidieron que los otros hijos lo hicieran.
Juan Antonio Sotillo comenzó muy joven su carrera militar cuando se alistó en el escuadrón Santana formado por el General José Tadeo Monagas, a cuyas ordenes concurrió y participó en acciones importantes, iniciándose en 1813 en las primeras batallas libradas en Maturín. En 1814 participa en las batallas de Bocaduca, El Arao, Segunda Puerta, Aragua de Barcelona, Urica, Riveras del Orinoco, El Alacrán y El Juncal, Angostura, El Sombrero, La Cabrera, el Samán y Ortiz. Perteneció al grupo militar que facilitó las hazañas de José Tadeo Monagas en unión de Cedeño en 1815.
Prestó servicios en la causa independentista hasta el año 1824, fue comandante de Armas de la Provincia de Barcelona en 1833 y jefe militar de la provincia de Apure en 1849.      
En 1817 estando Simón Bolívar en Barcelona preparando su campaña de Angostura, dio órdenes de buscar un soldado que fuese capaz de practicar con éxito un espionaje a gran distancia, a fin de saber si algún movimiento de tropas realistas se operaba en esa dirección. Monagas recomienda a Sotillo, quien prometió al Libertador no sólo dar con esa marcha de españoles, si la había, sino también que dejaría fuera de combate al jefe que los mandara. Sotillo salió en efecto acompañado de unos pocos hombres de sus más intrépidos compatriotas, con caballos escogidos de remonta. Salieron buscando la ruta hacia Angostura atravesando por las Margaritas del Llano. Al llegar a las cercanías de El Chaparro uno de sus hombres husmea y comprueba la presencia de una tropa española que acampaba  en el lugar ese día. Sotillo y sus hombres merodean el sitio con mucha precaución; un indio les proporciona más información que les permite preparar su estratagema. Aquella tropa española era comandada por el realista La Torre, que avanzaba por el Guárico, destinada por Morillo desde el Apure, a proteger la provincia de Guayana. Sotillo acuerda con sus hombres entrar en la divisa española, y para ello deciden esconder los caballos cerca, desensillados. Caminan a la derecha para caer al camino por el que se llega de Zaraza a El Chaparro, simulando procedencia de Guárico. Al llegar a los predios del pueblo y toparse con los soldados españoles de avanzada, contestan al “¿Quién vive?” con la frase “oficios de Calabozo”. Así, el grupo encabezado por Sotillo llegan hasta la presencia del jefe realista que estaba en la plaza rodeado de su estado mayor en disposición de marcha. Sotillo se presenta ante el jefe realista y mientras distrae a todos desenvolviendo una pañoleta, simulando contener papeles oficiales que entregar, se lanza sorpresivamente sobre La Torre con la intención de lanzearlo. El español que era muy diestro en el manejo de las riendas escapa haciendo saltar a tiempo el ágil caballo que montaba. En medio de la sorpresa , la confusión y los gritos de alarma, Sotillo y sus hombres arrancan en carrera hacia la salida para Barcelona, pero antes echan mano de un joven lugarteniente que estuvo a su alcance y atravesando el cuerpo de este al suyo, y amarrando con sus manos el cuello del mozo. Salieron gritando “¡Cójanlos!”, como si fuesen ellos detrás de los asaltantes, con cual treta despistaban a los soldados españoles que acudían y que luego se retiraban dejando la persecución a los supuestos primeros perseguidores.     
 Ocurrido este acontecimiento, ideado previamente, Sotillo llega a Barcelona con aquel mozo de apellido Villanueva, lo entrega al Libertador para que lo interrogue no sin antes excusarse por no haber cumplido su promesa de aniquilar al caudillo realista.
Este acto heroico de Sotillo es una muestra de cómo los hijos de esta tierra poseían una elevada moral, que en medio de grandes peligros eran capaces de arriesgar su vida por la patria.
No abundan datos precisos de los ascensos de Sotillo, pero los cierto es que después de la batalla de El Juncal en 1816, continua participando en las luchas de la emancipación casi siempre en el oriente del país bajo las ordenes de José Tadeo Monagas y en 1824 alcanza el grado de General. Su educación fue la de los campamentos, pero se distinguió como el llanero con un alto sentido practico de la vida con una agudeza e ingenio que dieron paso a tantas anécdotas de cada caso. Fue sin duda el más esforzado teniente del General José Tadeo Monagas, tanto en la guerra de independencia y después durante la federación.
En 1830 lo acompaña en la pacificación de algunos poblados que insistian en proclamar la integridad de la Gran Colombia. En 1831 el mismisimo José Tadeo Monagas encabeza una revuelta donde proclamaba la integridad de Colombia resentido por la desaprobación del tratado de Unare y por la abolición del fuero militar, aprobado por la constituyente.  Monagas designa a Sotillo para que reforzara y apoyara a Heres que encabezaba la insurrección hasta que se firmó el tratado entre Monagas y Páez en Valle de la Pascua. En 1835 se le vio al lado de Monagas en el movimiento llamado “Revolución de las reformas” que terminó gracias al tratado con Páez en el sitio Pirital del Roble. La lealtad de Sotillo con José Tadeo Monagas era de tal magnitud que cuando este se preparaba para trasladarse a Caracas para encargarse de la presidencia de la República, llego a Santa Ana una hoja suelta suscrita por Cecilio Acosta en la cual invocaba con fervor a Páez para que volara a Caracas; y a sabiendas Sotillo que Monagas no se sometería a ejecutar su mando junto con los oligarcas –que en su concepto era para eso que llamaban a Páez por boca de Cecilio Acosta—se traslado a Barcelona con el propósito de acompañar a Monagas en previsión de los posibles hechos que pudieran presentarse.
El documento que provocó la reacción de Sotillo tubo su origen cuando Monagas se hace partidario de indultar para salvar las vidas de algunos procesados por conspiración. De este modo se inicia Monagas con una medida civilizadora aboliendo la pena de muerte por delitos políticos. No se conocen de la influencia que pudo ejercer Sotillo en esta postura de Monagas, pero de seguro que su opinión al respecto por lo menos fue escuchada.
Cuando se produce el rompimiento de Monagas con los conservadores, Sotillo permanece al lado de aquel en los dos intentos de Páez en su contra, con el resultado de que el centauro, el de las grandes proezas en la guerra de la independencia, se ve rechazado por el pueblo hasta el punto de ser considerado un embarque. Así fue reseñado por por un oligarca muy respetado como Juan Vicente González, quien escribió lo siguiente: “le temió cobarde Páez a Monagas; le imploró cautivo, y espero a que lo derrocasen los fuertes para sucederle”. La expresión “los fuertes” era una alusión a los Conservadores y Liberales de la revolución contra Monagas de 1838. 
Y para reforzar la comprensión de la estirpe de este valiente vamos a contar una anécdota de su madre, bien reveladora del valor y la templanza del vientre que engendró a Juan Antonio Sotillo:  Cuando se inició el movimiento emancipatorio, Juan Antonio Sotillo junto con sus hermanos Miguel y José Antonio, abandona la tranquilidad del hogar y se despide de sus padres. Se suman a las filas patriotas organizadas por el coronel José Tadeo Monagas. Juan Antonio y sus hermanos se entregan de cuerpo y alma a la revolución con el propósito de sacar de nuestra tierra el despotismo encarnado en el imperio español.
La madre de los Sotillo, Doña Bárbara, siempre desplegaba sus sentimientos de amor por la patria y en especial no perdía oportunidad de resaltar la causa abrazada por sus hijos, mostrando su convencimiento republicano. Entre sus amistades más cercanas les decía “yo todos los días al levantarme en la mañana, después que me persigno en nombre de Dios, también lo hago en el nombre de la patria” , y en efecto para alegría de todos, doña Bárbara les hacia una demostración de la oración que pronunciaba.
Cuando Boves entró a Santa Ana, no faltó quien le informara que allí habitaba la mamá de Sotillo, y que ella, tan insurgente como sus hijos, se persignaba como si no fuera cristiana. Al acto, Boves encomendó una escolta en busca de Doña Barbara. La anciana mostrando majestad y valor ante el caudillo le dice
        –  Estoy a su mandar general
—    ¿es usted la madre de los Sotillo?—preguntó el asturiano
—    Si señor
—Y dónde están los hijos
—están con el coronel José Tadeo Monagas, peleando por la patria
—Bueno, ahora quiero que se persigne de la manera que usted lo hace, no como cristiana sino como patriota
—señor voy a complacerlo—dice la valerosa anciana y poniéndose de rodillas expresa con la señal de la cruz: en el nombre de la patria; libranos Bolívar de los españoles; en el nombre de la libertad y con la ayuda de Juan Bautista Arismendi, José Tadeo Monagas y José Antonio Páez; Amén. 

El feroz asturiano, con su característica sangre fría, saco su espada, y estando ella aún de rodillas, le tomó la mano derecha y se la cortó de un tajo diciéndole:

—¡Eso es para que también se persigne por Boves!      


PUERTO LA CRUZ, DE UN LUGAR A OTRO

 ALDEA DE PESCADORES
Sitio ubicado en la playa a la altura de lo que posteriormente se llamó Plaza Colón, donde todos los pescadores al terminar su faena comerciaban la captura ofreciéndolo a todo el que se acercaba a comprar.

Allí se podía encontrar las famosas “mareadoras”, que eran mujeres que venían con sus maras a obtener el producto para su reventa, pero una vez que tenían el pescado en el interior las introducían dentro del agua para refrescar las especies. Luego de la compra estas mujeres salían a vender marchándose por la orilla y con la mara encima de un rollo de tela en la cabeza, recorrían grandes distancias cumpliendo sus cometidos.

En este sitio hacía acto de presencia el señor “Pocholo”, tal vez el vendedor de pescado a domicilio más conocido en la ciudad durante aquellos años en que funcionó este mercado, hasta los años sesenta.


miércoles, 29 de enero de 2014

En medio de la indiferencia pululan "negocios" raros.


¿Dónde se lava mejor?


Dos destacados caballeros del mundo mercantil se encuentran en un reconocido centro nocturno de Puerto La Cruz. El lugar  estaba medianamente lleno y la música de fondo podía escucharse sin que los asistentes tuviesen que gritar. Los sujetos muestran una imagen ostentosa; se saludan efusivamente y toman una mesa alejada de la espaciosa barra, se diría que bien apropiada para hablar de negocios. El mesonero retira un pequeño cartel que decía “Reservado”. Cada uno va acompañado con varios individuos, seguramente guardaespaldas. Toman sus asientos y después del acostumbrado diálogo inicial, brindis de por medio, se desarrolla el siguiente diálogo:

--¡Déjese de ronchas hermano! ¿Cómo se le ocurre? Mire nomás todo lo que hemos alcanzado: una red de farmacias, unos cuantos edificios, una catajarria de médicos, orgullosísimos con un amor frenético a la platica, enfermeras y personal administrativo, equipos de buena tecnología y pare de contar..¡vea!..todo bajo control..¡carajo!..hasta los parásitos de la federación los enjugamos, caritos pero no nos echan vainita. No hermano, aquellos tiempos de lavacarros pasaron, y hasta la bendición de esos men del centro médico de lecherías tenemos. ¡Todo legal paisa! Seniat, alcaldías, seguro social, y toda esa pendejada de impuestos pa´mantener  ese ejercito de flojos que hay en el gobierno hermano. Fíjese hermano qué tan bueno tan buena ha sido mi maquinita que no hay necesidad de estar viviendo aquí permanentemente; todo lo puedo controlar desde mayami hermanito. Esto se maneja solito hermanito. Pregúnteme cuántos afiliados tenemos; ¿qué imagen tenemos en estos pueblos hermanito? No hermano, nosotros colonizamos este paícito hermano. Colón lo descubrió, nuestra santa iglesia lo catequizó y nosotros lo aprovechamos mejor que los americanos, sin guerra, sin espías, sin altas tecnologías, así humildemente hermano. Y le digo algo hermano, nuestra filosofía es que los mediquitos hagan su trabajo, eso de estar peleando contra eso que llaman barrio adentro se lo dejamos a ellos, mi empresa nada que ver. Yo recibo mi platica y eso es lo importante.

 --Sin barraqueras paisa. Usted alardea de sus edificios, de sus  farmacias y su gran lista de subordinados. Pero préstele atención a lo que voy a decirle paisa: ¿cuántos vericuetos debe sortear para llegar a lo más importante que es la platica en sus bolsillos hermano? En cambio míreme, mire mi negocio: sin mayores vainas ¿cuánto me produce cada sorteito diario? Hágase la pregunta  . ¡Hay hermanito! Yo a las trece horas del día ya estoy recibiendo los huevitos de mi gallinita ponedora, que a la vez los reparto en créditos a esos guevones vendedores de pescado, de verduras, y de cuanta verruga quieran vender esos hijueputas buhoneros…hay hermanito eso es como la onda marina que va ensanchándose hasta más no poder. Vea hermano, usté que es bueno pa´los números: calcule cuanto resulta al año un interés de veinte por ciento diario, y cobrados por anticipado…échele lápiz y verá hermano. Habla usted de su red  de no sé que ocho cuartos, pero yo hablo de mi red de buhoneros y ambulantes que cada día solicitan más el recursito pa´comprase mercancía o cuanto antojito o vicio tengan. Tampoco nos metemos en esos peos venezolanos siempre y cuando no  nos jodan hermano. Pa´eso existe la platica hermano pa´compra al más berraco que se aparezca hermano. Hemos crecido tanto hermano que ya estamos acreditando hasta siete palos y algunos clientes especiales con hasta veinte hermanito…Quien quita hermano que en unos añitos más montemos un banco y nuestra carita bien lavada, limpiecita, mirando de norte a sur este país tan lleno de oportunidades y estos venezolanos guevones que no saben qué hacer.

Las carcajadas son profusas y la algarabía que embarga a los sujetos se ve reforzada cuando llegan dos hembras, buenotas, pomposas, acaneladas, culitos de abejas, esperadas ansiosamente. Para seguir la juerga, se elevan los vasos con guisqui dieciocho, y el tema de conversación se desvía por los caminos cromáticos de Eros. 


martes, 7 de enero de 2014

Nacimiento del Distrito Juan Antonio Sotillo



Enero 6 de 1944: Nace el Distrito Juan Antonio Sotillo

No pocos eran los problemas que atravesaba el humilde pueblo de pescadores en 1940. La población que apenas alcanzaba los 38 mil habitantes, crecía aceleradamente, además, porque la construcción de la refinería implicaba la creación de nuevos empleos, y por ende se convertía en el principal atractivo económico  para las poblaciones limítrofes, principalmente margariteños, sucrenses y guayaneses. Puerto La Cruz  ya se convertía en la sede industrial de las inversiones extranjeras, en el Oriente del país. 

Para esa época el señor Nelson Rockefeller no solo desarrolla la refinación del crudo venido de Oficina Nº 1, también instala en Los Cocos una factoría para procesar mero y pargo. La empresa fileteaba  los pescados, se empacaban, los congelaban, y se exportaban a los Estados Unidos. Las cabezas eran botadas y recogidas por los pobladores cercanos, con las que se elaboraban los sancochos, o simplemente se sudaban, y de ese modo se paliaba buena parte de la alimentación.   

El 21 de marzo de 1942, en una casa ubicada en la calle Freites, se efectuó la asamblea constituyente del sindicato petrolero en Puerto La Cruz. Allí se dieron cita, en casa de Ramón Vásquez, Martín Marval, Ramón Rodríguez, Francisco Bracho, Benito Pereira, Jesús Mata, Oswaldo Rivas, Sixto Lárez, Guillermo Lárez, Jesús Salazar, Jesús Aquias, Jesús Mata y otros. Esos mismos hombres en reuniones posteriores, tratan los asuntos que padecían los habitantes de la incipiente ciudad. La misma que se perfilaba como el epicentro de los nuevos paradigmas económicos y sociales, que en consecuencia arrastraba aquella irrupción de grandes inversiones extranjeras.

Fueron muchas las reuniones que se hicieron hasta que deciden constituir la Junta Pro-Mejoras del Municipio Puerto La Cruz.  Oswaldo Rivas se convierte en el Presidente de la nueva organización. Su actividad se centra en los asuntos más inmediatos padecidos por la población: construcción de una red de acueductos para el servicio de agua potable; asfaltado de las calles –este era una exigencia en razón de las grandes polvaredas producidas por las fuerte vientos, en verano, y los inmensos charcales en invierno—ampliación de la red de alumbrado; creación de nuevos establecimientos distribuidores de alimentos.

Posteriormente las actividades de estos luchadores se transforman en un nutrido movimiento de opinión. De ese modo surge el principal objetivo perseguido por este grupo de hombres: necesidad de elevar a Puerto La Cruz, Guanta y Pozuelos, a la categoría de Distrito. 

En paralelo, otro grupo de luchadores aparecen en la escena coincidiendo plenamente con las peticiones del primero. Rafael Blanco Peñalver, Lucio Gómez, Manuel  Solórzano, Cosme Astudillo y otros,  pregonando la solución a los problemas más sentidos por la población. También hacen suya la necesidad de avanzar con la creación del nuevo Distrito.  

El día 5 de enero de 1944, en la residencia de Temístocles Salazar Maza, Presidente del Estado, se efectúa una reunión en la que el diputado Pedro López Centeno, Diputado por el Distrito Bolívar, presenta el proyecto de creación a sus colegas: Benito Alegría, presidente de la Asamblea Legislativa y diputado por el distrito Miranda, Domingo Guzmán Lander Diputado por el distrito Bolívar, Carlos Ávila Chacín Diputado por el distrito Bruzual, Luis Borges Diputado por el distrito Libertad, Leopoldo Gómez diputado por el Distrito Miranda y Mariano Adrián La Rosa diputado por el Distrito Monagas, acompañados de Celestino González, presidente de la Junta Comunal de Puerto La Cruz, el médico Luis Carlos Calatrava y un grupo de pobladores; allí queda claro la necesidad de elevar a Puerto La Cruz a la categoría de Distrito, con sus municipios Guanta y Pozuelos, y se acuerda que para el siguiente día el ente legislativo fuese llevada la proposición para ser aprobada. Así ocurrió.

El acta levantada se transcribe al libro de acuerdos del ente legislativo. El primer considerando del documento, dice textualmente lo siguiente: Que un vasto sector de la ciudadanía del Municipio Puerto La Cruz, respaldado por crecida mayoría de ciudadanos de los Municipios Guanta y Pozuelos, ambos de este Distrito, han solicitado de esta Asamblea la elevación al primero de dichos Municipios a la categoría de Distrito de este Estado.  De seguidas se expresa el segundo considerando así: Que las razones invocadas por los solicitantes, tanto en su aspecto  económico como bajo el punto de vista jurídico-social son de tal fuerza que comprueban eficientemente la justa aspiración de ese conglomerado ciudadano.      

Queda claro con este devenir, que no ha sido por la concurrencia espontanea de un grupo de pobladores, o por efectos de una complacencia de un grupo del poder político de la época, que el día 6 de enero de 1944, la Asamblea Legislativa del  Estado Anzoátegui aprueba la constitución del nuevo distrito, con Puerto La Cruz a la cabeza, Guanta y Pozuelos como municipios. Una realidad que pesaba demasiado y aunada a la nueva dinámica social y económica, con hombres y mujeres que no se conformaban con seguir llevando la vida bucólica y sedentaria que imperaba en aquellos tiempos, agravado por tener que estar sometidas a la dependencia de los jerarcas barceloneses.

Es innegable que hubo un pueblo decidido a darle la vuelta a la tortilla. El horizonte percibido por aquel  colectivo, los ubicaba en la senda de la esperanza y la construcción de un futuro ante la incalculable riqueza que comenzaba a enseñar sus dedos. Aquellas acciones emprendidas , primero por los Comunistas, y más tarde por militantes de Acción Democrática, respaldadas con la fuerza de un movimiento nacido de la lucha, dio los resultados esperados cuando se integra el primer Concejo Municipal del nuevo Distrito.

El Artículo 1º del acuerdo estableció lo siguiente: Elevar a la categoría de Distrito, con el nombre de “Distrito Sotillo”, la demarcación territorial que actualmente comprende al Municipio Puerto La Cruz, del Distrito Bolívar  de este Estado, junto con los Municipios Guanta y Pozuelos. Quedó claro que la decisión propone darle el nombre del héroe de la guerra de independencia en Oriente, y de la guerra Federal, al General Juan Antonio Sotillo.

El naciente distrito comienza a desarrollar su labor atendiendo en una casa ubicada en la calle Bolívar, haciendo esquina con la calle Anzoátegui, actual sede de la banda municipal, donde además funcionaba la Jefatura Civil, la comandancia de la Policía y el Juzgado del Distrito. Bajo la presidencia de Luis Carlos Calatrava, y Carlos Delgado, Saúl Perdomo, Manuel Marcano, Vicente Guillén, como ediles, Ovidio Adrián como Síndico y Modesto Rodríguez como secretario, quedó constituida la primera Cámara Municipal. 

El 18 de octubre de 1945 ocurre la llamada “revolución de octubre”, liderada por Acción Democrática. En una decisión tomada por el nuevo gobierno, queda abolido el cargo de Jefe Civil, que es sustituido por el de gobernador del municipio. Le correspondió a Rafael Blanco Peñalver ser el primer gobernador del Distrito Sotillo, y le tocó crear y poner en funcionamiento el primer plan urbano y la creación y puesta en marcha de la Dirección de Aseo Urbano y Domiciliario.   

Hoy se cumplen 69 años de aquella gesta que mostró a un pueblo dispuesto a cambiar el rumbo, abriéndose nuevas puertas para que entrase en la búsqueda de un destino mejor. En esta fecha la ciudad se encuentra frente a la necesidad de ser concebida sobre nuevas bases de bienestar y convivencia.     


domingo, 29 de diciembre de 2013

Este cuento lo escribí dedicado a esta niña maravillosa y preguntadora como nadie, espíritu noble y corazón de cocuyo. Mi adorada sobrina.
Un regalo de navidad y año nuevo.

Verónica es un Cocuyo

Desde que cumplí diez años se ha multiplicado mi curiosidad. Permanentemente hago preguntas sobre muchísimos asuntos. Mi maestra me dijo que eso era muy propio de mi edad, pero en algunas oportunidades siento la presencia como de una fuerza que se asomara para impulsarme a preguntar sobre temas más inquietantes. De un tiempo para acá pareciera que brillara. A veces, cuando paso, las personas detienen su andar y voltean a observarme como si llevara algo que llama la atención.
Hace un tiempo quise tener una china pero no para lanzarle piedras a los pájaros, o a los matos o a las palomas: tan sólo quería conocer, por mis propias manos, cómo es una china, cuánta fuerza se necesitaba para accionarla y si en vez de piedras le podía lanzar alpiste, maíz o arroz. Pero no sólo quiero saber de chinas, pájaros, matos o palomas.
He soñado varias veces que algún día volaría como ellos. Pero cuando despierto del sueño siento miedo recordando las alturas que alcanzo en mis vuelos, si, mucho miedo, cuando miro hacia abajo y veo las gentes caminando por las calles, o en la escuela.
En una oportunidad, mientras vacacionaba en Cumaná—tenía ocho años— escuché una melodía y quedándome extasiada caminé como un robot hasta donde estaba un anciano de pelo blanco tocando un violín. Me acerqué un poco más y empecé a moverme al compás de la música. Daba brincos diminutos con gran suavidad, contorsionaba con tal delicadeza que todos los curiosos, que se aglomeraban alrededor, me miraban en silencio detallando cada movimiento. Sentí que mi cara se enrojecía y sin darme cuenta entoné una canción infantil muy alegre. Cuando el violín dejó de sonar, los aplausos y las sonrisas se hicieron sentir con algarabía. Algunos adultos dejaban caer monedas y billetes en un sombrero de moriche que reposaba en el piso.  Yo, sorprendida, tomé bastante aire respirando profundo, caminé hasta el anciano que tenía el pecho hinchado de alegría, agradecido, con un brillo en sus ojos, como de un Dios, y sus mejillas tenían el color rojo de las nubes cuando el sol las ilumina por las tardes. Todos se fueron y el anciano se despidió diciéndome, al oído: ¡Tú eres un cocuyo!
Yo acepté aquella expresión del anciano sintiendo la seguridad de la bondad que contenía y en lo adelante necesitaba tener muchas explicaciones sobre los cocuyos. Mis padres tuvieron que buscar en algunas enciclopedias, en la internet, en la biblioteca de la ciudad, mucha información que me ilustrara y me hiciera comprender a los cocuyos. Mi mamá me hizo saber que los cocuyos producen luz en las noches, que se parecen a los escarabajos y abundan en nuestros bosques tropicales. 
Pasaron casi dos años cuando salimos nuevamente de vacaciones escolares. Papá y mamá nos premiaron a mi hermano morocho, y a mí,  con un viaje a la Gran Sabana, en el estado Bolívar, porque fuimos promovidos con muy buenas calificaciones. Durante el largo recorrido Rafael David –que así se llama mi hermano—y yo fuimos desbordados por la curiosidad: era la primera vez que mirábamos aquellas extensas  sabanas de la Mesa de Guanipa. Al pasar por el puente Angostura, contemplamos con admiración al inmenso río Orinoco. Entramos a Ciudad Bolívar y nos fascinamos por su belleza, y al detenernos frente a la piedra del medio puedo asegurar que un anciano de pelo muy blanco me saludaba insistentemente.
Pasamos la noche en un hotel de la ciudad y al día siguiente, muy temprano, continuamos el viaje hasta que llegamos a Santa Elena de Uairén, en un atardecer muy húmedo, con un sol a punto de esconderse en el horizonte. Durante la travesía aprovechamos para hacer muchas fotografías y mirar el mapa de la región. Nos acomodaron en una posada previamente contactada, Rafael David y yo caímos muy cansados en las respectivas camas. Un viaje agotador nos había tocado.
Al siguiente día visitamos lugares y conversamos con los pobladores. Mi hermano y yo hicimos innumerables preguntas a las personas con quien hablábamos. Probé dulces exquisitos hechos por las maravillosas manos de las gentes del lugar. Conocimos muy de cerca a varios niños indígenas, algunos de ellos no hablaban español, y fuimos insistentes en utilizar un traductor para hacer preguntas a un niño piaroa.
Una noche ocurrió algo que se quedó grabado por siempre en mi memoria, y además me hizo comprender tiempo después lo hermoso que es tener tantos amigos y amigas. Eran cerca de las ocho de la noche, mis padres conversaban con la dueña de la posada, Rafael David jugaba ludo con varios niños también vacacionistas, mientras que yo caminaba por el jardín poblado de muchas flores y algunos limoneros. Un poco más distanciada de la casa había una cercha que sostenía una mata de paicurucú –que es el nombre indígena de la parchita—con sus ramas extendidas y cargada de la rica fruta. Caminaba y me acercaba a cada flor, a cada planta, diferenciando cada aroma que despedían. De pronto comenzaron a rodearme muchos cocuyos que bajaban del cielo. Al principio me sentí nerviosa por la sorpresa que aquello me causaba, porque además eran muchísimos. Pero el movimiento de los cocuyos me  causaba mucha gracia y lejos de rechazarlos permitía que se ciñeran a mi cuerpo como si yo fuera una de ellos.  
Pasados unos instantes un violín comenzó a sonar y sin darme cuenta comencé a entonar melodías  que los abuelos cantaban a los niños cuando era hora de dormir. Pasado un rato me vi flotando, suavemente me fui suspendiendo en el espacio, sostenida por los cocuyos y poco a poco ascendiendo más alto. Estaba súper asustada pero a la vez me sentía feliz. Nunca había imaginado lo agradable que era volar. Cuando miré desde lo alto hacia abajo, y ver que mi mamá, mi papá y mi hermano, y todas las personas del pueblo, me gritaban que bajara.  Pero yo estaba feliz allá arriba mirando cómo el pueblo se alumbraba todo con la llegada de más y más cocuyos. Pero de pronto se oyó un ruido como de alas y desde el interior de las nubes salió un anciano de pelo muy blanco y sonriente: era el mismo que un año atrás tocaba el violín en Cumaná.
–¿Quién es usted?—pregunté
 –Soy el Dios de los cocuyos—respondió el anciano
El anciano tenía un traje de muchos colores y en una alforja terciada al hombro estaba el violín. Me tomó por una mano y volamos un rato más para enseñarme el pequeño mundo de los cocuyos, sus alimentos y sus casas metidas entre flores y árboles. Al rato comenzamos a descender, seguidos por una cola inmensa de cocuyos que aquello visto hacia atrás parecía un gran cometa. Antes de llegar hasta la casa, donde era esperada por todos, el anciano se detuvo y me dijo: “los cocuyos no sólo somos Luz, también embellecemos y armonizamos la vida. Y tú eres una de nosotros”.
Cuando llegué, finalmente, todos me abrazaban, todos me hacían preguntas, y yo miraba fijamente el firmamento hasta que los cocuyos desaparecieron. Los demás niños querían que les dijera cómo hice para realizar la hazaña de volar y si yo hablaba con los cocuyos. Algunos me propusieron volver hacerlo al siguiente día. Pero yo había quedado tan impresionada con aquel suceso, que más que responder preguntas de quienes le rodeaban, quería que alguien respondiera todas las que surgían de mi cabeza.
Aquellas vacaciones son inolvidables para mí, repito. Desde entonces cada vez que estoy sola en mi casa, en las noches, me ocurre algo que no se explicar. Yo que he sido tan preguntona y he tenido que pedir a otras personas las respuestas a tantas curiosidades, no consigo alguien que me explique porqué cuando estoy sola en las noches, en mi habitación, una lucecita se va prendiendo en mi frente, y poquito a poquito va creciendo, que la puedo usar como lámpara, y a la vez me produce unas ganas de volar como aquella vez en Santa Elena de Uairén.
¿Alguien me puede responder?

  
 




sábado, 21 de diciembre de 2013

Elogio al Paseo Colón

Elogio al Paseo Colón
1                                                              
Te dedico este canto            
señor de atardeceres
musa en mis quereres,
rostro alegre en manto
azul que amamos tanto
Cuántas veces fui arena
sueño en canto de sirena
carne que atrapa huesos
calcio y salitre tus besos
¡que no brote una pena!
2
Hice caminos en tu orilla                                                              
romances de fuego en ocaso
espumas saltando al paso
mujer de roja mejilla
niña de mirada sencilla.
Ah!.. erizos y caracoles
guardé en gorras y peroles
comidos a prisa y ansia
me quedó aquella fragancia
tu oleaje y tus sabores.
3
En ti disolví mi piel
y aprendí  a nadar
perrito y luego bracear
En tu arena cual papel
escribí ilusiones a granel.
Recorrí mundos mil veces
aventuras de barcos y peces
piloteé Bergantines   destructores
de piratas fuimos captores
en el lugar donde te meces.
4
Estás allí imponente
majestad que forja al puerteño
grande y recorrido pequeño,
uva de playa floreciente
anima mi alma, dulcemente.
Ansío la esquina Mundial
tu mejor sitio coloquial
una fría en el  “Oso Polar”
Divertirme en grande sin parar
Saciarme en tu bulevar
5
Cuando apareció el lastre
con su riqueza acechando
bagres y lisas envenenando
organizaron el desastre
lanzando redes de arrastre.
Hace entrada el indolente
ropaje de mando pestilente
se une al pederasta fino
amenazando tu destino.
¡Resistencia es el camino!






6
Para  apreciarte mejor
abordarte todo sin falta
subí la cuesta más alta
observé allí tu esplendor
abogando futuro mejor
Paseo Colón, ..!mi hermano..!
digo levantando mi mano:
en ti comprendí La Belleza
que concede la naturaleza
para el deleite del ser humano.
..................................

Luis García

 Elogio al Paseo Colón
1                                                              
Te dedico este canto            
señor de atardeceres
musa en mis quereres,
rostro alegre en manto
azul que amamos tanto
Cuántas veces fui arena
sueño en canto de sirena
carne que atrapa huesos
calcio y salitre tus besos
¡que no brote una pena!
2
Hice caminos en tu orilla                                                              
romances de fuego en ocaso
espumas saltando al paso
mujer de roja mejilla
niña de mirada sencilla.
Ah!.. erizos y caracoles
guardé en gorras y peroles
comidos a prisa y ansia
me quedó aquella fragancia
tu oleaje y tus sabores.
3
En ti disolví mi piel
y aprendí  a nadar
perrito y luego bracear
En tu arena cual papel
escribí ilusiones a granel.
Recorrí mundos mil veces
aventuras de barcos y peces
piloteé Bergantines   destructores
de piratas fuimos captores
en el lugar donde te meces.
4
Estás allí imponente
majestad que forja al puerteño
grande y recorrido pequeño,
uva de playa floreciente
anima mi alma, dulcemente.
Ansío la esquina Mundial
tu mejor sitio coloquial
una fría en el  “Oso Polar”
Divertirme en grande sin parar
Saciarme en tu bulevar
5
Cuando apareció el lastre
con su riqueza acechando
bagres y lisas envenenando
organizaron el desastre
lanzando redes de arrastre.
Hace entrada el indolente
ropaje de mando pestilente
se une al pederasta fino
amenazando tu destino.
¡Resistencia es el camino!






6
Para  apreciarte mejor
abordarte todo sin falta
subí la cuesta más alta
observé allí tu esplendor
abogando futuro mejor
Paseo Colón, ..!mi hermano..!
digo levantando mi mano:
en ti comprendí La Belleza
que concede la naturaleza
para el deleite del ser humano.
..................................

Luis García
 Elogio al Paseo Colón
1                                                              
Te dedico este canto            
señor de atardeceres
musa en mis quereres,
rostro alegre en manto
azul que amamos tanto
Cuántas veces fui arena
sueño en canto de sirena
carne que atrapa huesos
calcio y salitre tus besos
¡que no brote una pena!
2
Hice caminos en tu orilla                                                              
romances de fuego en ocaso
espumas saltando al paso
mujer de roja mejilla
niña de mirada sencilla.
Ah!.. erizos y caracoles
guardé en gorras y peroles
comidos a prisa y ansia
me quedó aquella fragancia
tu oleaje y tus sabores.
3
En ti disolví mi piel
y aprendí  a nadar
perrito y luego bracear
En tu arena cual papel
escribí ilusiones a granel.
Recorrí mundos mil veces
aventuras de barcos y peces
piloteé Bergantines   destructores
de piratas fuimos captores
en el lugar donde te meces.
4
Estás allí imponente
majestad que forja al puerteño
grande y recorrido pequeño,
uva de playa floreciente
anima mi alma, dulcemente.
Ansío la esquina Mundial
tu mejor sitio coloquial
una fría en el  “Oso Polar”
Divertirme en grande sin parar
Saciarme en tu bulevar
5
Cuando apareció el lastre
con su riqueza acechando
bagres y lisas envenenando
organizaron el desastre
lanzando redes de arrastre.
Hace entrada el indolente
ropaje de mando pestilente
se une al pederasta fino
amenazando tu destino.
¡Resistencia es el camino!
6
Para  apreciarte mejor
abordarte todo sin falta
subí la cuesta más alta
observé allí tu esplendor
abogando futuro mejor
Paseo Colón, ..!mi hermano..!
digo levantando mi mano:
en ti comprendí La Belleza
que concede la naturaleza
para el deleite del ser humano.
..................................

Luis García

03-03-05

viernes, 13 de diciembre de 2013

Una invasión silenciosa

 Ocurre ante los ojos de todos los puertocruzanos. Muchos de ellos nos tratan con desprecio y humillan cuando entramos a sus establecimientos, exigiendo abrir el bolso, a una dama o caballero, como medida de comprobación que no sustraemos nada del negocio. Pretenden dar vuelto con caramelos y si algún consumidor o consumidora osara pagar con los mismos caramelos, el torrente de ofensas por parte de estos asiáticos es devastador. En una oportunidad presencié una escena como esta, en la zona rural, y debí meterme a defender la señora, que minuciosamente acumuló en un frasco grande de vidrio, todos los caramelos que los regentes del negocio le habían dado con la justificación de “no tenel sencilo”.
Son cuantiosas las cantidades de dinero que manejan. Ya no nos sorprendemos cuando vemos que recién llegados, sin hablar una papa de español, ya poseen un negocio y un lujoso vehículo obtenido con la rapidez del rayo, a diferencia del calvario que debe vivir un venezolano para adquirirlo.
Cuando funcionaban los bingos, verdaderos templos del vicio, allí se podían ver a borbotones. Empedernidos jugadores, fumadores, sin límites. Ya no son aquellos chinos lavanderos y planchadores, de la calle Sucre, o los que confeccionaban el “Pan Sango”. Ahora son potentados que tienen lugares en la ciudad, ilegales, donde desarrollan el espíritu lúdico  que los caracteriza.
Se han convertido en propietarios de inmuebles en puntos estratégicos de la ciudad, desde donde desarrollan los negocios. Valdría la pena investigar si quien compra los inmuebles son personas naturales o jurídicas, y a partir de allí, ver qué ramificaciones tienen, quiénes compran, con otras personas o empresas de este inmenso “sindicato”, por no decir clan, que tienen estos asiáticos. Por añadidura, muestran con toda su arrogancia, que les importa un comino la ciudad, pues, cada local, cada edificio nuevo que aparece en la ciudad, propiedad de estos sujetos, son un monumento a la más horrible de las corrientes arquitectónicas, que tristemente es elaborada por un profesional venezolano que pensó únicamente en el dinero que se ganaría. Por otra parte se evidencia que la autoridad local no tiene un plan regulador de la estética urbana, que debe tener cualquier ciudad decente, especialmente la nuestra de la que muchos se ufanan de su potencial turístico, que serviría al menos para evitar que nuestra patria chica no se convierta en un gran galpón atiborrada de plásticos y derivados, bisutería china, quincallas y aparatos electrónicos chinos.
¿Qué tipo de negocios desarrollan? Pareciera que acordaran el establecimiento que le corresponde a cada uno de ellos: abastos y pequeños mercados, quincallerías y envases plásticos y de aluminio, restaurantes y aparatos y componentes electrónicos y en los últimos años la comercialización de fuegos artificiales; que por cierto los chinos descubrieron la especial atracción de los venezolanos por esta mercancía a la hora de celebrar las fiestas patronales en cada pueblo o ciudad, fiestas de la virgen del Valle, una graduación en un kindergaten o una Universidad pública o privada, o la elección de una reina en un barrio o urbanización.  
Y conocemos, en el caso de los que venden víveres, alimentos y mercancía seca, cómo se comportan a la hora de aprovecharse de los hábitos del venezolano como consumidor: especuladores sin límites, sobornadores de los funcionarios oficiales, que por supuesto buena parte de estos caen en esta práctica, pero que en el fondo es la genuina expresión del desprecio hacia la población por parte de aquellos.    
Es necesario ponerle límites a estos comerciantes. En nuestro Paseo Colón es muy difícil conseguir algún negocio que expenda una buena sopa criolla, de pescado, gallina, res o mondongo, arepas de reina pepiada, cochino, asado negro…etc, comida venezolana pues, pero la cantidad de negocios de comida china (y árabe, que también son otro caso de arrogancia que trataremos en otro artículo) abundan y con precios especulativos.
Investíguese a cuál comerciante chino (y árabe también) le importa la igualdad social y económica, nuestra cultura, nuestro transito al socialismo. Sin mayor rigurosidad podrán comprobar que muchos de esas personas son nuestros adversarios, por decir lo menos. Y cabe preguntarse: ¿Hay algún organismo oficial que investiga esa invasión silenciosa? ¿Quién investiga cómo entran los chinos al país o es que la organización que los respalda es muy poderosa, que más bien como que entran más? ¿Se tiene cuantificado la cantidad que habita en Venezuela?
Nos molesta que las cosas vayan pasando, que estos asiáticos avanzan adueñándose de buena parte de nuestra economía, que nos agreden, y nadie haga algo para darles un parao.